• 20 abril, 2021

Ahora los creyentes somos “odiadores”

Ene 10, 2021

Hay que reconocer la astucia de los enemigos del Evangelio. Como las leyes actuales protegen la libertad de culto (al menos por ahora), han inventado la figura de los heaters.

La palabra heaters es una nueva expresión, procedente de la lengua inglesa, que podría traducirse como odiadores o los que odian. Hace alusión a quienes expresan -de manera sistemática- enemistad, rechazo u hostilidad hacia otra persona, grupos o asunto en particular.

Montados sobre este invento lingüístico de la comunidad LGTBIQ (Lesbianas, Gay, Transgéneros, Bisexuales, Intersexuales y Queer), gobiernos de Europa están censurando, multando y encarcelando a los líderes de iglesias protestantes que se atreven a predicar sobre la homosexualidad desde una perspectiva bíblica o se niegan a casar a personas del mismo sexo.

Esta corriente se apoya en las nuevas legislaciones sobre identidad de género, matrimonio igualitario, adopción homo-parental, educación sexual igualitaria obligatoria, inclusión transgénero y otras en favor de esas minorías, incluyendo fuertes medidas contra aquellos que presentan objeciones morales, etiquetándolos de fanáticos, intolerantes, tóxicos, sectarios y/o voceros de odio.

Como no pueden silenciar a los que defendemos el principio de las dos vidas, la familia tradicional, sostenemos bíblicamente que la sexualidad está determinada por la biología y reafirmamos el derecho de los padres de orientar la sexualidad de sus hijos hasta la mayoría de edad, han pasado a llamarnos aborrecedores de la humanidad.

Entonces, las advertencias judiciales, arrestos y condenas de carácter penal no son contra nuestro credo sino en razón del “discurso de odio”; un equivalente jurídico del negacionismo contra el holocausto del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial, que se practica en 17 países de la Unión Europea, con penas de 1 a 5 años de prisión para quienes nieguen, hagan apología o hasta investiguen los crímenes de guerra nazis.

Aunque parezca increíble, el Pueblo de Dios está siendo encasillado en esa nueva categoría jurídica, ya que funda su doctrina en contenidos bíblicos, que condenan inequívocamente cualquier tipo de práctica homosexual o el bestialismo en Levítico 18:22 y 20:13; Romanos 1:21-27; 1 Corintios 6:9 y 6:18 y 1 Timoteo 1:9-11, entre 27 enseñanzas puntuales.

No falta mucho para que todo el mundo evangélico sea obligado -por ley- a callar en los púlpitos, escuelas bíblicas, seminarios y discipulados cualquier tipo de enseñanza o postura frente a esos temas, bajo pena de suspensión de funciones, clausura, multas y/o prisión.

Una situación insólita, ya que hasta para negarse a ser reclutado para ir a la guerra existe la figura legal de objetor de conciencia; pero para esta objeción moral, fundada en enseñanzas milenarias que son la base doctrinal para más de 2.500 millones creyentes en el mundo, no hay protección.

Por la fuerza, se nos impondrá renunciar a las verdades incontestables de nuestro libro sagrado, porque incomodamos a una minoría con mucha influencia entre los poderosos, en base a sentirse ofendida por la verdad.

Mientras, los verdaderos odiadores, esos productores y guionistas de cine y televisión, dramaturgos, comunicadores, entretenedores, políticos, activistas, intelectuales, actores, literatos, científicos, filósofos, psicólogos, ocultistas, agnósticos, influencers y demás, se burlan, niegan, rechazan y hasta acosan a quienes profesan el Evangelio, sin arriesgarse a ningún tipo de represalia.

Ellos sí podrán seguir despreciando libremente a Dios, a Jesucristo, su Palabra y a su Pueblo Santo, solo respaldados por su vanidad, arrogancia e ignorancia (Juan 15:18-16:4). Dios tenga misericordia de sus vidas.

C.C.