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¿Argentina de pie? El campo de rodillas

Mar 16, 2022

    Por Juan Carlos Polini, Diputado Nacional – Argentina es una caja de Pandora. En nuestro país ya es natural que ni los domingos podamos relajarnos los ciudadanos, porque cuando todo parece estar tranquilo, nos enteramos de alguna ‘novedad’ que viene a perturbarnos. Así despedimos este fin de semana anoticiándonos del cierre a las exportaciones de harina y aceite de soja.

Una vez más el gobierno estafa en su buena fe al campo incumpliendo promesas. Una vez más en Argentina se le pone “la pata en la cabeza” al que produce y genera riquezas. Una vez más, al ajuste lo paga el sector privado mientras que nadie da un solo gesto de reducción del gasto público. Vivimos en un loop constante y reaparece la discusión sobre viejas ideas que han fracasado con anterioridad.

Si bien la información es escueta, bien dice el dicho que para muestra falta un botón: la Subsecretaría de Mercados Agropecuarios dependiente del Ministerio de Agricultura hizo trascender una medida restrictiva que apunta (en realidad) a subir el porcentaje de retenciones a los derivados de la soja. La intención del gobierno esta vez, es que los derechos de venta al exterior que hoy se tributan en un 31% para el aceite y la harina, sufran un incremento de dos puntos ascendiendo al 33% y pasando a ser así, idénticos en porcentaje a lo que se tributa para exportar la soja en granos. Es decir que este cierre es lisa y llanamente una especulación que intenta frenar las ventas hasta tanto actualicen los valores, para cobrar de más a quienes hoy están listos para exportar. Es dable destacar que estos dos productos el año pasado introdujeron al país 12.105 millones de dólares y 7.101 millones de dólares respectivamente.

Hace menos de dos semanas el propio ministro negaba rotundamente la suba de retenciones y con más vehemencia aún, el cierre de exportaciones. ¿Cómo pretende el Estado argentino que los productores se atrevan a invertir si no pueden siquiera sostener su palabra? Realmente estamos viviendo tiempos de una inestabilidad absoluta. Lo planteamos en el Congreso Nacional días atrás en pleno debate y lo volveremos a hacer cuantas veces sea necesario.

Como político, me avergüenza de manera extrema cómo se vapulea a la seriedad, la palabra y el compromiso de quienes nos conducen; y como ciudadano que llegó a la Cámara de Diputados a representar –sobre todo- a quienes aún confían y quieren vivir mejor en Argentina, no pienso dejar pasar esta situación. Seguiré bregando por la estabilidad y el auxilio a los que trabajan de sol a sol, arriesgando su capital y tributando excesivamente para mantener al sector improductivo del país. Sigo creyendo que no podemos abandonar a los que trabajan y que se sienten solos por esto: porque el Estado es un gran socio en las ganancias (por no decir, un oportunista); pero sin embargo, en las pérdidas los deja solos y ahogados; ejerciendo presión impositiva irrisoria para sostener a los que no hacen, no arriesgan, no sufren, pero al final, ganan.

Se tiene que terminar la Argentina de las incoherencias, se tiene que federalizar el país y se tiene que contener al que produce. El hartazgo es generalizado y justo, lamentablemente. Mi compromiso es trabajar junto a mis compañeros de bloque para frenar un nuevo ataque a los que realmente quieren hacer crecer a la Patria. YA NO MÁS. ESTAMOS CON EL CAMPO.