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Perdimos todos

Mar 12, 2022

   por Raúl S. Vinokurov – Como era de esperar, la invasión a Ucrania desplazó del principal interés informativo a otras cuestiones muy importantes. Crecimiento o disminución de contagios Covid, incendios en Corrientes, emergencia agropecuaria en varias regiones del país por una más que prolongada sequía, la bajante del río Paraná y otras tan sensibles como éstas y de previsibles consecuencias. La “pelea” con el FMI tal vez sea una excepción ya que al margen de las resultantes para el país que traerá cualquiera sea la “solución” a la que se arribe, aquí hay diferencias políticas, fracturas, opiniones de todo tipo y la instalada cuestión ideológica que nos hace asumir posiciones sin necesidad de argumentar o prever el futuro inmediato.

Las guerras, repudiables todas, son cada vez más cercanas. El mundo es cada vez más aldea. Hoy vemos las guerras en tiempo real, quieran o no sus responsables. Los que las sufren se transforman en cronistas, haciéndonos conocer la realidad y fundamentalmente denunciando sus inevitables atrocidades. A pesar de los intentos por anular tecnología comunicacional, las herramientas de comunicación están y por eso nos enteramos. De los focos de guerra existentes hoy (Siria, Yemen, Afganistán, etc.) lo que pasa en Ucrania es lo que más nos interesa. No solo por lo que hacen los dos principales actores sino también por las posiciones que el resto del mundo asume en función de ideologías, alianzas, acuerdos, necesidades económicas, etc. Cada país, en función de su realidad, sus carencias y dependencias de otros, determina apoyar o no determinada posición, apoyar o criticar a Rusia o Ucrania. Otra particularidad de esta guerra para nosotros, es la importante cantidad de ucranianos y sus descendientes que viven en Argentina. En varias provincias, con sus centros culturales, productivos, manteniendo sus principales costumbres e insertados totalmente a la vida argentina desde hace varios años.

No nos ayuda para nada la equívoca política exterior de nuestro país. Ciertos discursos del presidente Fernández, o de su canciller, posiciones en la ONU contradictorias con un mensaje anterior, apoyo a Rusia y luego votar un repudio a la invasión. ¿Quién dirige la política exterior argentina? Hoy al mundo-aldea poco y nada le importa la opinión o posiciones de Argentina, pero para adentro de nuestro país si tienen importancia, confundiendo a propios y algo menos a extraños.

¿Qué valores prevalecen en la política exterior argentina? ¿Los intereses del país? ¿Intereses económicos de algunos dirigentes? ¿Mantener lazos con ciertos países defendiendo viejas alianzas teñidas no pocas veces de corrupción?

Mucho se dice y se culpa a las distintas ideologías que asumimos, que básicamente son dos: capitalismo y/o socialismo. En Argentina y en la mayoría del mundo-aldea, el socialismo no existe, no gobierna. Que lo usen para defender o denostar es otra cosa. En Argentina prácticamente no existe la izquierda con representación y volumen político. El gobierno argentino no es de izquierda, las actuales fuerzas políticas gobernantes no son ni nunca fueron de izquierda como tampoco progresistas. Pero instalaron la grieta, se sirven de ella tanto opositores como oficialismos y con eso tratan de dibujarnos la realidad, pero no nos traen soluciones que satisfagan los intereses populares.

Las diferencias entre Rusia y Ucrania no son fáciles de explicar y menos de entender. Raíces históricas, siglos de evolución, creación del imperio zarista, su caída en 1917, la URSS hasta su destrucción. Origen común, pero Ucrania, como país no existía hasta mediados del siglo XX e incluso muchos creen que fue fundamental en la creación del país ruso. Estado nuevo, pero nación muy antigua y profundamente dividida hoy en dos partes con posiciones antagónicas, con un profundo sentimiento de la defensa nacional y territorial.

El mundo-aldea ha reaccionado en función del interés de cada integrante, económicos, geopolíticos. La enorme diferencia de potencial entre Rusia y Ucrania inclina la balanza de simpatías a favor del más débil. Cualquiera sea el resultado final ya perdieron los dos, perdimos todos. Las principales potencias del mundo-aldea participan activamente o son responsables directos de cada conflicto. La llamada Guerra Fría y para muchos, Tercera Guerra Mundial, hoy continúa porque no han desaparecido sus causas.

Forzosamente ante esta nueva realidad, todos se sacaron las máscaras. Nosotros, como argentinos, también.